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Bajo la dirección de Ricardo Camacho, esta pieza adaptada por Juan Diego Arias, diseñada por Pilar Caballero y musicalizada por Víctor Hernández, cuenta cómo un grupo de soldados del ejército británico transforman al estibador Galy Gay, un hombre común y corriente, en otro hombre. En tono de comedia la obra narra no solo las vicisitudes de la guerra y sus protagonistas en una realidad que no le es ajena a nuestro país, sino que además muestra los avatares de hacer teatro y del oficio del actor.

Un hombre es un hombre comienza con el personaje que anticipa a Madre Coraje, la viuda Begbick, que, como una maestra de ceremonias, da la bienvenida a la obra de teatro. La acompaña un coro de soldados. Luego sucede la acción principal: tres soldados pierden a su cuarto hombre por robar una pagoda, se encuentran con Galy Gayy deciden transformarlo en el soldado restante para ir a la guerra. Pero para convertirlo, los soldados deben montar otra representación teatral: el negocio de un elefante falso. Es una obra que contiene dentro de sí otras obras de teatro: como una matrioska.
Es una comedia que, a partir de recursos como caídas, golpes y burlas, llama a la reflexión. “Algo parecido hizo Charles Chaplin en películas como Tiempos modernos: divertía a la vez que hacía una crítica feroz a la sociedad capitalista. Él conoció a Brecht cuando el dramaturgo vivió en Estados Unidos”, sostiene Arias.

La relación de la obra con Colombia es bastante clara: en ésta se critica el reclutamiento militar y las guerras. Pero Un hombre es un hombre va más allá y se pregunta por lo que pueden hacer otros hombres, o la sociedad, en un individuo. ¿Hasta dónde llega la libertad de un hombre? ¿Qué tan inmutable es la personalidad? ¿Está determinada por la sociedad en la que está envuelto? ¿Cualquiera puede convertirse en un asesino?
“La obra se pregunta por el reclutamiento militar y lo equipara con el mecanismo de compra y venta comercial. Para convertir a Galy Gay en un soldado, primero deben envolverlo en un negocio. Él, antes de probar el sabor de la sangre, no se resiste ante la posibilidad de ganar plata”, concluye Arias.