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Ocho bailarines con cabezas rapadas y vestuario minimalista hacen parte de este montaje inspirado en el círculo de la vida -pasando por el nacimiento, la muerte y el renacimiento-, y en las manifestaciones de lo sagrado.

La precisión y delicadeza de Tobari contrasta con los recursos de última tecnología. En el centro del escenario el público podrá apreciar un círculo negro, ligeramente brillante, en el que aparece un resplandor solar y un telón que produce la sensación de inmensidad. A esto se suma la iluminación de gran rigor simbólico y la música que ambienta el instante.

Según Ushio Amagatsu, director de la compañía japonesa Sankai Juku, “Tobari es un espectáculo de siete escenas que se representa poéticamente a través de las coreografías de los bailarines y su relación con la música. Los cambios entre movimientos lentos y rápidos simboliza la tensión entre el tiempo y el ser humano”.

En este montaje de danza butoh el virtuosismo no radica en la capacidad de los bailarines para hacer giros, saltos o elevaciones de piernas, sino en el flujo de energías que produce el cuerpo. Lo anterior para que los espectadores puedan comprender otros significados del mundo y distintas formas de habitarlo.

Precisamente la danza butoh se caracteriza por ser una manifestación artística y espiritual que emprende una búsqueda del equilibrio y lo sagrado. Nació en Japón en la década de los sesenta con los maestros Tatsumi Hijikata, Kazuo Ohno y Akira Kasai. En su origen, fue una respuesta al horror de la Segunda Guerra Mundial y al terror de los japoneses tras el estallido de las bombas en Hiroshima y Nagasaki.