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El martes 16 de octubre, el escritor cartagenero Roberto Burgos Cantor falleció en la ciudad de Bogotá. Fue ganador del Premio Nacional de Novela 2018 del Ministerio de Cultura por Ver lo que veo. Se fue dejando un legado literario que nos lleva a esa costa Caribe del pasado.

Roberto Burgos Cantor nació el 6 de mayo de 1948 en Cartagena de Indias (Colombia). Cuentan que creció entre los cuentos de Rafael Pombo, los poemas de Pablo Neruda y las historias de Óscar Wilde. James Joyce, Franz Kafka y Jean-Paul Sartre también “jugaban de locales” en sus gustos. Se graduó de abogado, pero desde muy temprano se dedicó a la literatura y la escritura.
Mientras ejercía su profesión en la Superintendencia de Notariado como secretario general de la entidad combinaba lo jurídico con la literatura. Estando en eso, en 1980 publicó su primer libro de cuentos, Lo amador, y ya no pudo parar. De gozos y desvelos
(1987), Quiero es cantar (1998), Una siempre es la misma (2009) y El secreto de Alicia (2013) son sus libros de cuentos; El patio de los vientos perdidos (1984), El vuelo de la paloma (1992), Pavana del Ángel (1995), La ceiba de la memoria (2007), Ese silencio
(2010), El médico del emperador y su hermano (2015) y Ver lo que veo (2017), sus novelas. En 2001 publicaría Señas particulares: testimonio de una vocación literaria, libro fundamentalmente de carácter biográfico y en el que recorre casi cuatro décadas desde su
llegada a Bogotá. En 1999 había publicado Juego de niños para los más pequeños.
Fue merecedor del Premio Jorge Gaitán Durán, otorgado por el Instituto de Bellas Artes de Cúcuta y del Premio de Narrativa José María Arguedas de Casa de las Américas; finalista del Premio Rómulo Gallegos por La ceiba de la memoria y ganador del Premio
Nacional de Novela 2018, otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia por su novela Ver lo que veo.
Justamente con este último premio, 2018 se había convertido en el año para rememorar y homenajear la obra de un escritor y de una pluma y una manera de escribir que nunca se desprendieron de las raíces de su tierra. Por ese sendero trazó su camino, atravesó
tormentas y tempestades, sintió el rechinante calor del trópico y se revolvió en los vericuetos del idioma contado y cantado a través de sus protagonistas. Al mismo tiempo, y a lo largo de sus cincuenta años de aventuras literarias, nunca dejó de entregarse a los
demás como era. No le puso tranca a nadie que se le acercara para descubrir de alguna manera su esencia literaria, y otros fueron más afortunados, pues lograron su amistad en el plano personal y descubrieron ese ser humano excepcional que nunca abandonó su
ética, que fue generoso, que fue atento y muy respetuoso ante los demás. En una de las muchas entrevistas que dio en vida dijo que él escribía “para no morir”.

De gozos y desvelos

Burgos Cantor decía también que su principal rutina era la de escribir sin parar. “Ese aplicarse es agradecido, es fecundo. Cuando estoy escribiendo siempre tengo libreticas a los lados por si hay algo que se aparece o se atraviesa. Esto ocurre cuando estoy
escribiendo novelas y, de pronto, surge la idea de un cuento. Es como el fotógrafo: tienes que atraparlo ya o, si no, se escapó. Estoy recuperando un hábito del Caribe que aquí, con la temperatura de Bogotá, lo había perdido, y es que ahora logro escribir con los pies
descalzos”. “Yo siempre escribo con música… Siempre escucho El arte de la fuga de Johann Sebastian
Bach, Nirvana, Lou Reed, y, después de oíar a esos, entro al mundo apacible del bolero: María Teresa Vela, Omara Portuondo”.

El patio de los vientos perdidos

Era un visitante asiduo de las instalaciones del Caro y Cuervo, sobre todo de la Casa Cuervo Urisarri, en el colonial barrio de La Candelaria. Tal vez esta edificación le traía remembranzas de esas casas de techos altos de su natal Cartagena. Sus pasos y su don de
gentes recorrieron todos los rincones de la misma y allí dejó, para los anales del Instituto, su intervención en la cátedra inaugural de la Maestría en Estudios Editoriales, titulada Las páginas de una vocación literaria y en la que afirma, entre otras cosas, que “ellas
pretenden expresar gratitudes. Dialogar con los vivos y despedir a los muertos. Asumir lo que corresponde. Mostrar que, si algo emparenta a los escritores de mi generación, es la voluntad de hacer del estilo un dominio de la crítica, corregir las versiones oficiales de lo histórico, denunciar el pasado, subvertir el orden, mejorar las ideas, proponer otro pensamiento cuando se tropiece con las certezas”.
Burgos Cantor dirigía en la actualidad la Maestría en Creación Literaria de la Universidad Central de Bogotá y el año pasado había creado la Cátedra Gabriel García Márquez, en honor al Nobel de Literatura y que se dicta el 6 de marzo, día del natalicio del escritor, de
quien fue gran amigo, al igual que de su hermano Eligio.

El vuelo de la paloma

“Con la muerte de Burgos Cantor se apaga una de las voces más originales y rotundas de la literatura colombiana –expresó el poeta Federico Díaz-Granados sobre su amigo–. Desde sus cuentos de Lo Amador hasta su reciente novela Ver lo que veo, Roberto supo entregarnos un lenguaje personal y unos personajes entrañables donde el Caribe colombiano se reinventó de múltiples formas y se reveló como un mundo hondo y herido y multicolor. Su narrativa se instalará en la memoria literaria del país para siempre”.

Su última aparición pública fue en el Congreso de Gastronomía de Popayán el pasado 9 de septiembre, donde participó en una mesa redonda con los autores que inspiran la muestra gastronómica El sabor de las palabras junto a Alonso Sánchez Baute,Carlos Humberto Illera y Juliana Muñoz, y moderada por el “maître literario” Juan David Giraldo. Allí habló sobre gastronomía Caribe y literatura. El fin de semana había regresado de su Cartagena del alma. Otra vez había buscado la
ciudad amurallada para encerrarse en ella durante la semana de receso de la Universidad
Central y trabajar en una nueva novela. Lo demás… es historia.

La ceiba de la memoria

El domingo 21 de octubre, CyC Radio, la emisora virtual del Instituto Caro y Cuervo, rendirá un homenaje al maestro transmitiendo a las 11:00 a.m./p.m. su intervención en la cátedra inaugural de la Maestría en Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo, y a la
1:00 p.m./a.m. en Escritores en su tinta, la presentación que hiciera de su novela Ver lo que veo, junto a la directora del Instituto Carmen Millán, el 26 de septiembre de 2017 en la Librería Lerner del Norte en Bogotá.